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En la selva valdiviana
rayos y truenos se escuchaban
una mujer triste y pensativa
vibrava, sentía y sollozaba.
Soledad se llamaba,
Soledad recordaba
días felices y días tristes
y la melancolía la inundaba.
Recordaba el ayer
vivía el presente
pensaba en el futuro
y suspiraba.
Soledad escuchaba
al viento como resoplaba
y una voz susurrante que le suplicaba:
No me abandones amada mía.
Soledad lloraba y se conmovía
sus ojos turquesas se envejecían
a lo lejos escuchaba al río que escurría
y oía su voz que la estremecía.
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